
No he dejado de pensar en esa palabra:
SAUDADE
La repito, y mi cabeza explota de tantos peces y colores… ¿será que recuerdo la canción Chega de saudade y aquella frase: “Pois há menos peixinhos à nadar no mar do que os beijinhos que eu darei na sua boca”? ...y entonces me parece curioso como dejamos derramar imágenes en palabras… como si éstas fueran recipientes dónde es posible verter cualquier clase de liquido.
SAUDADE… existen tantas saudades como historias y caras… tantas saudades como palabras. Y ahora ésta se cubre de peces, y de ti, de tus historias, de nuestras historias… de nuestros recuerdos… recuerdos ahora compartidos: de niños latinoamericanos, de selvas y gigantes, de playas, de agua dulce mezclándose con agua salda, de gatos y amuletos, de túneles y ratones, del capitán y sus espías, de pies mojados, de nosotros con frío, de nosotros en las calles del centro, de escaleras que no llevan hacia ningún lado, de un reloj gigante y azul, de helados de limón, de la calle San Francisco… de tantas y tantas cosas…
SAUDADE cobra sentido con estos contenidos. Los contenidos se siguen adhiriendo a la palabra. Sigo colgando más y más imágenes. Crece la palabra. Mira como crece, ahora casi salen chorros de pintura. Imposible parar, imposible detenerme. Ahora hay tanta pintura en pisos.
…Ayer soñé contigo. Soñé que estábamos en una escuela. Recuerdo que íbamos caminando por un patio, y todo estaba vacío… el piso era rojo, y de pronto empezaba a llover. Corríamos hacia unas escaleras. Terminó el sueño.
Al despertar recordé algo. Cuando tenía como unos 6 o 7 años fui a una hacienda con mis padres. En la noche, a pesar de que estaba todo lodoso, salí con unos niños a perseguir luciérnagas. Había olvidado la existencia de tales insectos…
