
Escribía sobre peces. Escribía sobre la canción chega de saudade. Esa canción dice una frase muy bonita: “Pois há menos peixinhos à nadar no mar do que os beijinhos que eu darei na sua boca”. Por otro lado, estaba pensando en la Rayuela, y mis encuentros con peces. Decidí buscar un pececito en flickr. Ahhh, SUSTO SUSTOOO ¡de pronto me salió una rayuela! ¡DE PRONTO ME SALIÓ LA TUMBA DE CORTAZAR!
Me enojé demasiado. Tanta broma pesada me puso de malas, entonces comencé a gritarle a Julio, claro , teniendo en cuenta que es un hombre muerto y que a los hombres muertos hay que hablarles desde dentro, hay que hablarles como a niños, hay que susurrarles. Pero esta vez no quise susurrar, comencé a gritar. Un hombre muerto que diseña tu azar y te lo mete hasta el culo merece de vez en cuando un regaño. El azar es lindo, si es lindo, pero cuando te topas con peces y sombrillas las cosas se complican. Uno no puede mas que gritar “Ashhh Julio, ¿me quieres volver loca o que chingados?”
Decidí escribirle un mensajito al hombre que subió la tan mentada foto de la rayuela. Le escribí, si, ¡claro que le escribí! Por primera vez quería una explicación a tanto embrollo… Un amigo me decía que estos juegos deben permanecer ocultos, y que tan solo competen a dos, solo dos y no más personas. Yo, por el contrario, pensaba que los juegos se deben mostrar al resto de los niños, pues cuando son tan lindos no es bueno quedarte callado.
Sin embargo, estos juegos crecen y crecen tanto que llega un punto en que es imposible agarrarlos. Se resbalan, si , se resbalan como peces. Se escapan, si, se escapan como moscas. Entonces uno parece un loco, dando saltos por aquí y por allá, dando tanto salto sin tener nada en la mano.
Podríamos pensar en el siguiente caso: un niño ve una danza de bichos voladores. Estos bichos no solo vuelan, también tienen la peculiar característica de soltar luces en el cielo. Tal espectáculo deja al niño con una cosquilla enorme en la panza, decidí gritarle al resto de la manada. Tristemente para el niño, la manada se encuentra alejada de éste espectáculo de luces y vuelos. Y estos bichos, con tan volátil temperamento, deciden marcharse justo en el momento que el niño anunciaría su brillo.