12 agosto, 2009

SUEÑOS Y BRUJAS



Quería contar mi primer sueño, el primero que recuerdo. En ese entonces me daban tanto miedo las brujas, me daban tanto miedo sus manos y yo todas las noches soñaba con ellas. Soñaba que caía de una gran montaña, que caía y en el fondo habían tres mujeres, tal vez eran más, pero me gusta pensar que eran tres. Me gusta pensar que cuando uno es niño los mitos se aparecen de forma más pura. Si, se aparecen en forma de brujas. Brujas que reían y reían. Se reían de mi destino, me daba tanto miedo que rieran. Se reían en el fondo de la montaña, ahí donde nadie puede verte, ahí donde se teje tu destino, ahí donde nadie puede verlo. En el fondo… justo en el fondo.

SUEÑOS



Y a veces detesto recordar mis sueños. Los recuerdos todos, recuerdo los primeros, recuerdo los últimos. A mi me gustaría ser de aquellas mujeres que olvidan sus sueños a penas se despiertan. Ellas no sufren, ellas no tienen que buscar aquí y allá señales. Sí, me gustaría ser de aquellas muchachas que andan felices canturreando apenas una canción y la cantan pues no recuerdan lo que ha sucedido en la noche, cantan pues su vida se corta y se vuelve a cortar cada vez que despiertan. Yo canto, pero canto con esas lágrimas que a veces me molestan tanto. A veces hago muecas con mi cara para intentar que las lágrimas regresen a su sitio, para que vuelvan a entrar al ojo. Me molesta tanto que salgan, siempre salen y se revelan contra mí. Yo que intento canturrear feliz como aquellas muchachitas que canturrean olvidando sus sueños. Pero no. He aprendido que cantar siempre implicará una lágrima, por pequeña que sea.

HISTORIAS DE PECES





Mi primer encuentro con ellos es sencillo de entender. Mi voluntad era chiquita, y mi madre, con aquel poder que suelen tener las madres, me persuadió de que un pececito sería la mejor mascota para una niña que vive en el cuarto piso de un departamento un tanto rectangular y angosto. Seguramente, pensé, un pez será la mejor mascota para una niña que vive en el cuarto piso de un departamento un tanto rectangular y angosto. De esta manera, me hice a la idea que tendría que visitar constantemente los acuarios y conseguir comida para animales tan rojos y verdes, tan amarillos y azules… Arteminas, artemias era lo que comían. Yo pensaba en esos pobres animalitos, tan pequeños… tan pequeños. Eran como camaroncitos. Y se movían con miedo, sabían que serían devorados por mis peces amarillos y azules. Yo no podía salvarlos. Mi madre me convenció que las artemias eran el mejor alimento para seres tan escurridizos. Entonces yo me quedaba sentada y veía como sus bocas se abrían y devoraban a los pequeños rojos. Los pequeños rojos... Esos pequeños

La historia es sencilla. Crecí con peces.

Mi segundo encuentro con ellos sucedió un mes de Abril, quizás antes. Llegó Brasil, y con él llegaron más peces y colores. A él le hubiera gustado dedicarse a bucear. Pero no. Se convirtió en un buen retórico. A veces me gusta pensar que solo a mí me hablaba de peces.


Él tarareaba, si, tarareaba…y apenas se llegaba a escuchar su canto - Chega de saudade- , pero llegando a la frase: Pois há menos peixinhos à nadar no mar do que os beijinhos que eu darei na sua boca, olvidaba el tarareo y éste se convertía en un canto profundo y fuerte. Me enamoré de la canción. Me enamoré de los peces. Me enamoré del mar… A los peces los visité un día de Abril, llegué en bote y con antifaz marino. Al principio me ahogué varias veces, no podía dejar de reír. Reír es una de las cosas que uno no puede hacer sumergido en mar. Uno tiene que poner cara seria y aguantarse la emoción, uno tiene que perseguir a los peces despacito despacito. Si uno se emociona pierde, o se atora en una roca, o se ataca de la risa. Así que solo movía la cabeza, la movía de un lado al otro para sacar tanta emoción acumulada.

Mi tercer encuentro sucedió hace poco. Al respecto solo declararé lo siguiente:

Es imposible escapar de la Rayuela, es imposible. Inevitablemente te atrapa de una u otra forma. A mi me atrapó casi sin darme cuenta. Me atrapó. Me gusta pensar que yo la atrapé. Pero no. Ella existió mucho antes que yo. Yo, por el contrario, soy pequeña.

Seguí el consejo de mis buenos amigos. Comencé a jugar.

Todo se volvió a llenar de peces, y de la frase “nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos”. Me enamoré de México, me enamoré de sus peces. Pero Rayuela me jugaría una mala broma. México volaría a Francia. Si. Volaría. Y yo me preguntaba ¿Volveré a verlo? ¿Se volverá a llenar mi boca de peces?



MELODÍA DEL DESENCUENTRO


Amor,

Retener en cada ahora, retener en el presente, cualquier cosa, ya sea el sonido de tu reloj en mi oído, ya sea mi tobillo en tu mano o tu mano en mi tobillo, da igual quien retiene a quien.

Y siempre sostenemos algo, nos aferramos ya sea a las manos o a los tobillos...

...E intentamos seguir sosteniendo,

inútilmente

buscando y tal vez solo buscandonos entre tanto salto.

Y apenas tocamos el piso.

Pobrecito amor... tus pies apenas me alcanzan en suelos... tus pies...

Tus pies apenas me rozan, asi es, apenas me rozan.

AMOR, siempre poseemos por fracciones, y aunque ame un poco el tic-tac de tu reloj , a veces pienso en la posibilidad de quedar pegada a tu mano.

Pero sé que eso es imposible. Tendrás mi mano en tiempos, siempre mano en tiempo diluida… e intentaré encontrarte, aunque sean dos segundos:

5 minutos de encuentro 3 años de ausencia… 2 segundos de encuentro un día de ausencia… 4 horas de encuentro 7 meses de ausencia… 3 meses 12 años… 13 y 4… 5 y 7 … 5 y 5… 2 y 3 … 1 y 1 … pero nunca 0 .

Amor: Un montón de pautas melodiosas… melodías del encuentro y desencuentro

2-2

2-2- 3

2-2-

2-2-3

(dos días sí, dos días no, dos días sí, dos días no, tres días si)


1-1

1-1

1-1

(un día si, un día no)

RECOLECTORES DE LUCIÉRNAGAS



Como recuerdo aquel día en aquella hacienda. Tendría unos ocho años y el campo se llenaba de luces. Nunca había sido tan feliz cazando luces en frascos de cristal. Nunca antes había imaginado una luz voladora, y mucho menos que éstas pudieran permanecer volando en frascos.


Perseguir luces, ¡perseguirlas hasta el cansancio! Capturarlas y después dejarlas libres...
...Hace tiempo el místico me regañó por mis juegos sádicos. A pesar de ello encontró una catarina para mi. También me regaló una cajita donde podría guardarla. La cajita tenía una leyenda "cajita china para jugar"... si, confieso que jugué con ella. Mi juego consistía en mirarla, ella apenas se movía, estaba quieta...


A los cinco minutos de jugar con Catarina ella murió...

...Místico me hizo creer que yo había sido la culpable de su muerte.