
Y a veces detesto recordar mis sueños. Los recuerdos todos, recuerdo los primeros, recuerdo los últimos. A mi me gustaría ser de aquellas mujeres que olvidan sus sueños a penas se despiertan. Ellas no sufren, ellas no tienen que buscar aquí y allá señales. Sí, me gustaría ser de aquellas muchachas que andan felices canturreando apenas una canción y la cantan pues no recuerdan lo que ha sucedido en la noche, cantan pues su vida se corta y se vuelve a cortar cada vez que despiertan. Yo canto, pero canto con esas lágrimas que a veces me molestan tanto. A veces hago muecas con mi cara para intentar que las lágrimas regresen a su sitio, para que vuelvan a entrar al ojo. Me molesta tanto que salgan, siempre salen y se revelan contra mí. Yo que intento canturrear feliz como aquellas muchachitas que canturrean olvidando sus sueños. Pero no. He aprendido que cantar siempre implicará una lágrima, por pequeña que sea.

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