12 agosto, 2011

De mi boca saldrán caracoles

De mi boca saldrán caracoles gritando que el miedo me ha comido como un gato que en la noche bebe sangre de sus hijos. Un miedo me devora como un ave. Un miedo me devora y caigo al piso. El miedo es un mareo de mar, un mareo de ola que eternamente regresa a la arena. Y regresa a la tierra porque a ella pertenece. El agua no es libre. Su contacto, su eterno estar ahí, pegado, a un lado de la tierra, justo donde surgen las miradas del hombre, que lo ven caer, que lo ven. Y que lo oyen, y son testigos de su dolor eterno. De ese susurro que en la noche podría parecer el grito de un lobo. El mar quiere ser del mar, y únicamente del mar. No quiere convivir con una tierra que pronto elegirá devorarlo entero. El mar oculta lo que lleva dentro, lo oculta como un vagabundo que guarda gatos en su saco. Lo oculta como un vagabundo que guarda sueños de bosque por la noche. Lo oculta todo. Lo oculta. Nunca podrás ser lo que contienes. Nunca podrás ser coral. Ser pez, ser medusa. Estas destinado a ser agua, y solo eso. Mar, ¿Eres en parte lo que contienes? o solo rozas cada día la belleza. La rozas como un niño que acaricia una flor, que la arranca. La rozas como un ave que intenta alcanzar la luna, y apenas puede acariciar su aurora. Acaricias la belleza, es verdad que la acaricias.

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